Un año más, el 11 de Mayo celebramos el Día contra los Incendios Domésticos en España y lo hacemos con un objetivo muy importante, informar a toda la población sobre los motivos por los que se producen estos incidentes, concienciar a la población sobre las consecuencias trágicas que pueden tener y comunicar las medidas básicas para evitarlos.

En varias ocasiones hemos tenido la oportunidad de informar sobre estos temas, relacionados con la prevención, la actuación y los resultados. Pero nes necesario tal día como hoy, destacar algunos datos estadísticos acerca de este tipo de siniestros:

Durante el pasado año 2019 se produjeron un total de 17.290 siniestros por incendios en edificios de viviendas residenciales, en los cuales murieron 116 personas. Lamentablemente, gran parte de estos fallecidos eran personas mayores de 65 años que habían sufrido las consecuencias de un fuego durante una noche de invierno en el salón, la cocina o el dormitorio.

En solo 5 meses que llevamos de 2020, ya han perdido la vida 43 personas en incendios domésticos. Una cifra realmente alarmante. Es cierto que el confinamiento de los ciudadanos por el estado de alarma creada a raíz la crisis del coronavirus, ha disparado estas cifras.

Como ya hemos repetido varias veces, las causas más comunes son aparatos de calor defectuosos, sobrecarga en la red eléctrica o defectos en sus instalaciones, y descuidos como por ejemplo, dejar encendida estufas, velas y chimeneas sin vigilancia, un cigarro mal apagado, dejar la sartén en el fuego mientras se atiende una llamada, etc.

Cuando se produce un incendio en una vivienda, el agente más peligroso para los habitantes de la misma y de los demás vecinos, suele ser el humo que se ocasiona con la combustión de los elementos que están dentro de la casa o en su envolvente. En cuanto a las medidas preventivas, muy importante destacar que la intoxicación por gases y humos causa 2 de cada 3 muertes, motivo por el que se debería fomentar la construcción de edificios con materiales incombustibles como aluminio, cemento, pizarra, ladrillo, teja, cerámica o yeso. Y es que no todos los materiales reaccionan igual ante el fuego. Por ejemplo, los plásticos generan humos densos y tóxicos debido a su composición química. En esta línea, se ha llevado a cabo un experimento sobre la reacción frente al fuego de tres tipos de materiales usados para fabricar ventanas y puertas.

Por otra parte y en lo que concierne a Grupo Profuego Seguridad, la instalación de detectores de humo en determinadas habitaciones, es una medida primordial en las viviendas porque ayuda a localizar un fuego en su fase más temprana que es el inicio, mejorando así la capacidad de actuación. Estos deberían ser de uso obligado como ya lo son en otros países como en Francia y en Portugal. Tienen un coste muy bajo en comparación con la cantidad de vidas que se pueden salvar. Además, tener a disposición un extintor de polvo en la propia vivienda o, en su defecto, dentro del edificio proporciona rapidez a la hora de sofocar las llamas, permitiendo retenerlo hasta que lleguen los Bomberos.

Además, por desgracia, el 90 % de edificios antiguos y el 20% de edificios de nueva construcción no disponen de las medidas básicas de seguridad que exige el actual Código Técnico de la Edificación en los espacios comunes de edificios residenciales, tales como el portal, las escaleras, los trasteros, los garajes y las salas de calderas.

¿Qué hay que hacer frente al fuego? Como ya hemos dicho antes, nuestra condición de ciudadanos del siglo XXI nos permite abordar el tema con tranquilidad pero en ningún caso con desinterés. El fuego ya no es tan relevante, ni está tan presente, como en la vida de nuestros antepasados, pero eso no quiere decir que podamos pasar de él así como así.

El incendio, en la medida de cada uno, hay que prevenirlo, tanto con medidas como los extintores como mediante el menos común de los sentidos, que es el sentido común. La mejor forma de prevenir y no inflar las estadísticas sobre incendios es no hacer como si no existiera la posibilidad. Y, por supuesto, tener un buen seguro. Porque la fatalidad existe y por muy prevenidos que seamos, luego los percances llegan, mejor tener ese instrumento que te permite saber que, si tu patrimonio se quema, por lo menos no lo hará también su valor.